bastó un leve soplo…

puente viejoBastó un leve soplo
y su vida crujió como un viejo puente estremecido
y cayeron
           en los espejos cortados
los años de  infancia,
el temblor que le acosara antes de las tormentas
el olor a sal caliente,
y la lluvia,
siempre la lluvia.

Nuestros sueños cabalgan en una suerte de péndulo
danzan en una cuesta que los devuelve
irremediablemente
al punto de partida.

no llueve. hace días, meses, años, que no llueve…

lluviabynNo llueve. Hace días, meses, años, que no llueve.

¿Dónde aguardan esas diminutas lanzas de cristal?

¿ Dónde afilan sus puntas para clavarlas después, para enterrarlas  con furia el día final de la embestida?

Dulce dolor el de la tierra herida.

Duro presidio el de esta celda de límpidos barrotes hincada desde el cielo.

Dulce temblor el de un cuerpo que  recibe el golpe de  la fecundidad.

Bella locura ésta de llovernos por dentro,  de arrasarnos hasta  huir  de los rostros que  una vez nos tomaron como rehenes.

 

diminutos los mundos que se elevan…

Diminutos los mundos que se elevan. Imágenes cristalinas de la ausencia. Los reflejos  se alargan, tiemblan, se desfiguran. Paredes transparentes del abismo. Salta una burbuja, saltan dos, tres, cuatro, bajo el sol, y en cada una flota un  arcoiris cóncavo que abraza lo invisible. Burbujas que invaden y  vuelan. Menuda y limpia posesión del vacío. Sigue leyendo

caen los telones, las amarras…

Caen los telones,  las amarras. La  comparsa de querubines cantores se retira. Su risa trepidante  choca, rueda sobre la calle. Las guirnaldas abandonan sus saltos de colores y se deshacen en una luz blanca, cerebral, que  ilumina con saña. La música va cediendo, las palabras se arrastran con pesadez y se enredan en las cuerdas, los brazos se arrastran  y se enredan en las palabras y en las cuerdas y la luz incisiva los sacude,  los señala con el dedo, los abre en dos para los otros. Herrumbrosa la forja de una noche que se pierde, que  marcha en sentido inverso sobre el calendario. Sigue leyendo

agoniza el tacto, la respiración, comienza la humareda…

Agoniza el tacto, la respiración,  comienza la humareda.

Serpentinas palabras que son lanzadas y se arruinan. Gris espacio donde todo se mueve sin vibrar. Las siluetas que intentan parecérsenos  corren en círculo,  ríen,  se dan palmadas. Las siluetas beben y se miran unas a otras levantando los hombros. Nuestras facciones cosidas en muñecos de trapo, rasgos ingenuos de vivos colores. Nuestros dedos rígidos, la piel brillante.

Carrusel de arena que nos condena  a la máscara. 

Torneo donde nos espera siempre la caída.