tengo el cuerpo abierto…

ciudadazulTengo el cuerpo abierto. El aire húmedo se eleva. El  murmullo de la tarde escapa de la ciudad, que en vano  intenta imitarlo con su música. Hoy puede llamarse la noche inexplicable. El murmullo  que se gesta debajo del caracol  se multiplica. El murmullo apenas perceptible, que sabe que todo lo posee, que  todo se rendirá ante su paso eterno, ante su leve roce. El murmullo en el pliegue de la piedra, el del rizo del mar que vibra y encrespa la tarde ya casi perdida, derrotada por la noche. Todo cede, él permanece. Aunque nos empeñemos en callarlo. Ruidos,  música,  palabras.  Las palabras caerán, más tarde o más temprano, por débiles, por absurdas, las palabras, todas, son aplastadas por el tiempo, y la música se eleva y se diluye. La caricia perpetua, el murmullo perpetuo, el mar poseyendo a la tierra, la tierra roca que cruje y cede, la tierra húmeda que bajo el caracol se oculta y se deshace. Nada lo detiene. El murmullo  de la tierra es el canto interminable, voz dueña de la permanente sucesión, la música del tiempo,  la memoria.

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