el marco está de lado, la puerta de lado y yo no tengo prisa…

El marco está de lado, la puerta de lado y yo no tengo prisa. Los hombres miran el reloj. No ha pasado un segundo y miran  de nuevo el reloj. Toman nota,  se olfatean,  buscan los viejos saberes de la sangre. (Las verjas no caen, se doblan y luego, de nuevo,  se  levantan.) No los sigo. No busco la luz blanca, el flash inclemente y loco. No sé de naves metálicas ni del fuego que se desboca  tras las contraseñas. Mi gris duerme salpicado. Mi  ocre se escurre.  Mi azul se desliza dando tumbos,  aproximándose. El negro majestuoso, dueño de todo, sabio. Sigo derramándome en el haz camino de la estrella, en el ser único hallado en medio de la multitud. Apaguen los seguidores, fuera los consejeros, los managers, no asisto a la carrera. No quiero posar ni que las aguas me arrastren a la margen quieta del río. Que otros corran. Yo me quedo en los zigzags de la duda, en el error. Me quedo hincando las cotas de los oráculos, hirviendo en los alborotos de mi sangre,  sola en la ruta que una vez  señalaron mis muertos.

Un pensamiento en “el marco está de lado, la puerta de lado y yo no tengo prisa…

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