agoniza el tacto, la respiración, comienza la humareda…

Agoniza el tacto, la respiración,  comienza la humareda.

Serpentinas palabras que son lanzadas y se arruinan. Gris espacio donde todo se mueve sin vibrar. Las siluetas que intentan parecérsenos  corren en círculo,  ríen,  se dan palmadas. Las siluetas beben y se miran unas a otras levantando los hombros. Nuestras facciones cosidas en muñecos de trapo, rasgos ingenuos de vivos colores. Nuestros dedos rígidos, la piel brillante.

Carrusel de arena que nos condena  a la máscara. 

Torneo donde nos espera siempre la caída. 

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