iniciamos la subida…

iniicamos la subidaIniciamos la subida. Un  grupo numeroso  me acompaña. La escalera blanca. Los  cadentes pasos  de  algunos se rompen en la prisa de otros. Algunos van de traje, disfraz de  ganadores. Otros en unas raras máscaras que le cubren todo el cuerpo. Brillos, trazos sangrantes encubiertos por listas de colores que recuerdan la alegría. Otros van de negro, creyendo en lo juicioso del ascenso, otros con elegantes  bastones heredados o con doradas cadenas arrebatas al fondo de los ríos. Algunos se cubren el rostro mientras juegan  con torpeza a llevar frac. Hombres y mujeres de revista, hombres y mujeres que retozan con fotos narradas y abarrotados  de azar. La escalera es amplia. Nunca hubo igual manera de ascenso. No obstante hay confusión. Algunos simulan no notarlo. Otros estar preparados para la ocasión. Los más se miran unos a otros para repetirse como aprendices  pasados de edad. Hay maquillaje, tersos rostros de sonrisa debida, miradas largamente aprendidas ante el espejo. Modales varios. Alguna torcedura desde altos zapatos. Estrechas algunas prendas prestadas para la ocasión. Yo voy pausadamente. Escogí  un traje sobrio, ejecutivo, cartera de piel. He recogido mi pelo discretamente, también mi voz, y mi mirada. Hemos ascendido unos  treinta escalones. Vencemos un piso cuyos balcones estaban desiertos. Solo un murmullo lejano, un ajetreo de voces verdes y minúsculas. Nos acercamos al  segundo en el que se agrupan algunos hombres  de largas túnicas y armas guerreras que nos miran. Ellos toman vino, se hablan entre sí y nos dejan alejarnos como inevitables  animales de manada. La pétrea escalera es amplia,  y hay varios peldaños gastados por  el tiempo que hacen a veces, difícil la subida. La multitud continúa, nadie mira atrás. Miran hacia el frente  como  ante falsos espejos revisando cada detalle de su compostura. Los hombres máscaras son algo más extrovertidos, hablan en un tono de voz que los distingue como niños irreverentes de triste ingenuidad. Creo que toman algo que derraman sobre sus pechos. Los hombres  de negro  y las mujeres de altos zapatos callan y suben Llegamos a un segundo balcón en el que humean unas viejas armas que causan a algunos de ropas estrechas, cierto desconcierto. Hay  insignes personajes parecidos a los héroes de los libros de historia, pero hay también esclavos  a sus pies, enlazados como bestias por sus amos. Se oyen gritos en raras lenguas, algunos lejanos gritos  y reconozco el olor de la sangre.  Advierto que no obstante, nadie mira. Hay quienes  se notan algo perturbados  pero perseveran sin desviar la vista. Un peldaño y otro. Un peldaño y otro, sin desviar la vista. Alcanzamos el tercer piso y muchas personas se han agolpado en los balcones para presenciar el ascenso. Seres de rara languidez que se empujan entre sí  comunes y callados, temerosos. Rostros de gritos cuajados. Hay muertos, lo sé. Conozco esa mirada de cristal  ya detenida, y esa piel que ha renunciado, resignada, a la caricia. Hay  humo, mucho humo, que me ahoga aunque extrañamente nadie, ni yo,  tose. No dejo de mirar cada detalle pero debo  seguir con dificultad el paso, que  es cada vez más cadente  parecido a  una marcha. Seguimos subiendo  y estoy cansada, siento horror, y me vuelvo a las horas previas a este empeño.¿ No se darán cuenta? ¿Por qué hacerlo? ¿Por qué tanto dolor?  Casi no puedo seguir el  ritmo de los hombres de traje, las mujeres de revista hacen malabares  y no pierden su equilibrio. Los hombres mascaras se divierten y dando traspiés, confían. Los bastones dorados son buen apoyo para los otros y los de ropas estrechas entrejuntan el ceño pero perseveran como quienes avanzan a un destino. Va quedando atrás ese infierno de lividez y agonía y vamos llegando a un piso que nos recibe adornado de  Navidad. Las luces de colores contrastan  realmente con los  paisajes vistos. La cadencia marcial comienza a confundirse con un ritmo gozoso, fútil  que cada quien incorpora como puede. Poco a poco se vuelcan las sonrisas. Las  de los altos tacones corren a espaciosas vidriera. Los hombres de negro aprietan sus portafolios a sus pechos y van tras los anuncios de las grandes, con sus papeles llenos de cuentas y sueños de azar. Los hombres mascaras y brillosos buscan sus autos chirriantes  que dan vueltas y vueltas  sobre plataformas  y se beben las cervezas de los más disímiles signos. Los de ropas estrechas, prestadas, miran. Llaman  desesperadamente a teléfonos que no responden, y se sumergen en sus bolsillos chaplinescos  para acercarse discretamente a mirar los anuncios que pasan por una pantalla  que grita sus colores ofreciendo el mundo. El salón es inmenso. Las vidrieras humillan  a  quien no compra. Los perfumes  se expanden  para olvidar el olor del humo. Los rostros sonrientes de las  vallas  se superponen a cualquier gris que nos haya quedado rondando por los ojos. Los árboles de navidad nos intentan devolver el verdor que perdimos.  El auto dando vueltas se instala como sueño innegable y recurrente. Paseo por todo el salón observando las caras. Afuera un inmenso balcón rodea el piso donde  algunos beben, un poco apartados, otros en grupo observan con desidia la ciudad multiplicada y opaca que dejaron a sus pies. Me paro en el borde de un pequeño muro, me quito los zapatos y las medias lentamente.  Zafo mi saya que cae, mi chaqueta que dejo sobre el muro. Me quito la blusa que la arrastra el viento que a esa altura es algo fuerte, me despojo de toda mi ropa y subo al borde de la baranda. No sé si me ven, no sé si me escuchan. No me importa. Abro los brazos y me lanzo a volar.

5 pensamientos en “iniciamos la subida…

  1. Si el comienzo es tan intenso… no quiero ver el humo ante tanto mundo en seis meses, un año, dos años… tres… y màs…. muy bueno!!!! Ponle cuerpo, vida y corazón….
    Estamos acá abajo, no lo dudes, soplando el fuego para que sigas andando siempre, sobre el humo del mundo!!!

  2. Creo que este, por muchas veces que lo lea, no dejará de impresionarme. Es de mis preferidos. Al final siempre me da vértigo…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s