allí está, allí espera…

Allí está,  allí espera, quieto, tras el enrejado. Un estallido, un relámpago y las palabras irán cayendo como lajas y cortarán imágenes disformes, insospechadas.  Nacerá en un grito como los hombres y crecerá luego. Hijo de una mirada al vacío, de un invierno detenido en la copa de los framboyanes, un invierno que nos mira,  que nos habla desde los framboyanes. Ahora está en la  niebla, vive en la niebla.  No hay espejos. Él desconoce su propio rostro, espera atrapado entre la voz y el olvido. Él espera  sin brillo en los ojos, sin sangre, sin aleteo. Espera dócil como un animal de faena,  con su torso virgen para ser castigado, con su cuello virgen para ser enyugado, con su vientre virgen para ser fecundado. Cuánto tiempo pasará,  cuánto, no lo sabe. Qué contorsión le desatará, qué movimiento le desprenderá de  la matriz, qué  fuerzas, qué dioses lo empujarán hacia la vida, qué forma tomará. No, nada sabe. Sólo espera, temblando,  huérfano, callado y fiel, temeroso, inmóvil, hundido en la blanca angustia del silencio.

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