tu jardín y tus cristales…

Tu jardín y tus cristales, flores libadas por ciegos colibríes – juguetonas aves que nada saben-  aplastadas por el  acero de  las  piedras , ahogadas por la inmensa marea de la noche.  Mira hacia fuera, la cerca se mueve al menor viento,  uno y  luego otro de sus mástiles caerá y sus picos, como saetas cansadas, señalaran hacia la nada. Mira,  la hierba sobrevive, aquella  planta de hojas opacas da por primera vez  un  tardío fruto,  los insectos se reúnen y  reparten el botín  que les brinda el otoño. Es cierto, no hay sol, es cierto que no hay música, ni mariposas. Los pájaros no se escuchan,   pero estoy en  tu puerta,  apartando con las manos las ramas marchitas, y con un poco de sed.

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