Lillian Álvarez Navarrete: Una poetisa a tener en cuenta por Marilyn Bobes

COMO UN CRISTAL CUBIERTA

Estremecedor, ajeno a cualquier tendencia dentro de la actual poesía cubana y solo apto para los que buscan en la literatura un compromiso a toda prueba con la autenticidad, es el poemario Como un cristal temblando, de Lillian Álvarez Navarrete que la editorial Cubaliteraria acaba de presentar a los lectores cubanos.
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en los balcones de la multitud me asomo…

 En los balcones de la multitud me asomo:

Han llegado aves de todos los inviernos, hojas de todos los otoños. Flores antiguas brotan, confiadas, en sus cúspides.

 Pero una primavera puede ser un aguijonazo del destino, una diminuta ventana por donde ver  nacer el mundo o desangrarse.

 Una mujer con mi rostro se cruza de brazos, recuenta sus agujas, da la espalda.

 Una mujer con mi piel se cubre el vientre con las ramas de la noche y calla.

 Una mujer  a solas se estremece cuando un aleteo de pájaros le anuncia la fecundación del tiempo.

sigo la flecha enorme…

ventanaSigo la  flecha enorme,  gruesa,  oscura,  que dicta el pavimento,  pasos cansados  que recuerdan el hastío y la obediencia. El viento gira al oeste, y pequeñas y rápidas saetas me hincan el torso, punzantes sentencias que desbordan las alternativas. Se suceden una tras otra, no cesan, delgadas, furtivas, tenaces. Dardos que me conducen a una incierta excavación en la que caigo. Sigue leyendo

se retuerce el humo…

Se retuerce el humo. Se inflama la cima de las miradas. Vuelan locos los pájaros mientras gritos y piedras  se lanzan al vacío.  Los hombres puntos se llaman,  los hombres mástiles se hunden en la tierra, los hombres números se alistan a un lado y a otro del destino.

El golpe. El estallido una y otra vez. El golpe. El azul atravesado por la aguja. El polvo algodonoso en su amenaza. La caída, el dolor y su eco. El dolor  multiplicador  y la llama que comienza.

no abras las ventanas…

sobreelhumo1No abras las ventanas. Todo afuera está al acecho del resquicio. Unas manos se alargarán para dibujar círculos ciegos en el aire hasta  tocarnos y, si no nos encuentran, robarán nuestro polvo, el  aire sucio que flota y que también nos pertenece. Un ojo puede ser una ventana, un pequeño ruido una ventana, un rayo de luz  la pendiente por donde rodarán todos los gritos, los golpes, los llamados, hasta formar una pirámide inmensa a nuestros pies. No abras. No abras nunca. Abrázame. 

llego a rastras sobre la hierba espesa…

yerbaLlego a rastras sobre  la hierba espesa, las raíces atadas, las espinas, sobre mí el enrejado seco, la bruma seca, sobre mí los arboles acordonados. Llego sorteando la vegetal prepotencia del árbol milenario, del mangle invasor que sobrevive, del marabú que aguarda y paraliza.  Todo se teje en la negativa,  todas las ramas sobre mí.  Llego en silencio, arañada, herida, rocas secas, palmas secas,  hojas hipócritas que cuentan sobre el placer de caer. La huida del insecto, el salto astuto de la alimaña, el vuelo de la fría mariposa. El caimán dentro de su silencio, el suelo arenoso, hambriento,  indeciso . Mi vida bajo las primaveras, mi cuerpo sin saber las respuestas, las grandes respuestas. La noche, el día, otra vez la noche. Ráfagas de luz y tiempo de penumbra. Un arco que se cierra, una cúpula que gira y juega a ser y no ser .Una cúpula que se cubre y se descubre y ciertamente no sabe. Me arrastro y llego al ruedo, al espacio vacío, la blanca lasitud se extiende, sol de los peligros, de la visión total.

Sigilo del francotirador que apunta. No sucede nada. Sólo se escucha un doloroso silencio, el grito de la espera.

 

la oscuridad posible sólo vendrá mañana…

La oscuridad posible sólo vendrá  mañana. Una mirada efímera,  salta de piedra en piedra. Los ojos huyen y con ellos los cuerpos. Los oídos buscan melodías o ruidos, sus propios ruidos. Hay manchas inmensas en el suelo. Los   cuerpos avanzan a saltos sobre las manchas, sobre los antiguos mapas de la penumbra. Las miradas sortean obstáculos, frases, detonaciones. Los viejos números, ajenos, no supieron. Eran pequeños y lejanos, no supieron. La ráfaga advierte. Sólo la tierra que se abre sabe quiénes serán su ofrenda. La explosión sabe que hay rostros grises para ensangrentar. Busca seres mudos, confusos, para convertirlos en nuevos números. Transforma rostros en números que luego sustituirá  por otros rostros y  otros números mientras la mirada salta de piedra en piedra, unos oídos buscan sus propios ruidos  y un televisor cambia continuamente de canal.